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Los samuráis y su pasión por los cuentos de amor entre varones

En el siglo XVII, la pasión homosexual era un tema popular dentro de la literatura japonesa que consumían los samuráis de la dinastía Edo y los burgueses de Kyoto y Osaka, quienes hacían crecer la demanda doméstica de este subgénero literario.

Un destacable ejemplo de ello es El gran espejo del amor entre hombres (1678), del autor de best-sellers Ihara Saikaku. Este clásico de la era Tokugawa que compila cuarenta relatos de amor intergeneracional entre varones -la mitad  sigue el patrón de la relación homosexual entre adulto y menor como estadio iniciático del efebo-, ahora cuenta con una cuidada versión en castellano de Amalia Sato.

Los cuentos de samuráis enamorados, acaso menos gratificantes de lo que su autor sugiere, son escritos desde una ética sostenidamente firme y siempre ilustran los mismos valores y virtudes: la fidelidad, la lealtad, la entrega total, la importancia de la palabra dada -que debe cumplirse sin excusa- y el amor, que debe durar hasta la muerte, la cual debe preferirse antes que al deshonor o la mentira.

A pesar de la popularidad de estas historias, esto no hace a la sociedad japonesa del siglo XVII ni un poco menos heteronormativa en sus formas de organización y la sola idea de que dos hombres se amen sin barreras o jerarquías repugna a cualquier gobierno autoritario. En El gran espejo del amor, los pasajes más amargos son los sarcasmos y repulsas misóginos, cuya infrecuencia gana relieve inocultable por la astringencia y tersura de la voz narrativa de Saikaku.

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Fuente: Clarín

Imagen: Shutterstock